Llegó a Anami en 2002 y fue mantenido separado de los demás por motivos de seguridad, ya que era muy joven. Sin embargo, el día en que fue integrado, la sorpresa fue enorme y, al contrario de lo que se temía, el encuentro resultó en fuertes abrazos e interacciones positivas, lo que demostró que la integración fue un éxito.
Matheus tuvo la oportunidad de librarse de las rejas de una pequeña y sucia jaula de circo, pudiendo crecer y aprender junto a otros chimpancés, una convivencia que fue esencial para su desarrollo social.
Hoy vive muy bien con su grupo y tiene una gran capacidad de comunicación, incluso con los cuidadores. No duda en pedir más comida cuando tiene hambre. Se ha convertido en un hermoso y robusto chimpancé, que ahora demuestra que puede disputar un mejor puesto en la jerarquía del grupo en el que vive.